CURSOS DE AUXILIAR

Asistencia psicogeriátrica

Parte de las tareas de los auxiliares de enfermería y de geriatría, es la comprensión y trato con sus pacientes y familiares a nivel psicológico. Los cursos que impliquen estudios de geriatría, necesariamente tratarán la asistencia psicogeriátrica, de la que hablaremos concisamente en este artículo.”

En qué consiste

La asistencia psicogeriátrica es parte de la asistencia geriátrica general, y se estudiará en todos los cursos que impliquen estos conocimientos. En la asistencia psicogeriátrica se identifican los trastornos psicopatológicos en las etapas presenil y senil, teniendo en cuenta que estos trastornos cursarán junto problemas orgánicos derivados de la vejez, o bien los antecederán o los sucederán.

Los programas de asistencia psicogeriátrica se fundamentan en la promoción de la salud, intentarán la prevención de problemas derivados del envejecimiento mediante detección precoz, tratarán dichos problemas y se preocuparán de la reinserción familiar y social del paciente geriátrico. Se organizan en dos niveles asistenciales, que se describen a continuación.

En el primer nivel asistencial, se tratará de identificar los factores de riesgo, tales como trastornos psíquicos y los derivados den enfermedades en general, valorando el grado de incapacidad que éstos puedan producir. En este nivel intervendrán los profesionales de la medicina, los equipos de atención primaria, enfermería y trabajadores sociales.

En el segundo nivel asistencial participarán centros especializados, tales como hospitales o servicios sociales. Los programas que se desarrollarán en el segundo nivel asistencial serán específicos para cada caso. Se requerirá una evaluación y un diagnóstico del paciente geriátrico. El segundo nivel incluye el tratamiento, la rehabilitación y la posterior reinserción social. A lo largo de todo el proceso intervendrán los trabajadores sociales, psicólogos, médicos y el personal de enfermería y auxiliares, según la gravedad de cada caso.

Problemas no orgánicos, habituales en la vejez

Junto al deterioro orgánico natural, en la vejez se suelen presentar dos problemas característicos adicionales, el síndrome de jubilación y el desarraigo social, ambos fruto de los problemas sociales que acarrea el consumismo, sistema en el cual sólo se valora a los individuos productivos y económicamente pudientes.

El síndrome de la jubilación

En síndrome de la jubilación es debido al cese repentino y total de la actividad que el jubilado ha estado realizando sin descanso durante décadas. Como este cese no está motivado por ninguna enfermedad ni otro problema físico, cuesta aceptarlo y se transforma en sensación de poca utilidad, lo que acarrea problemas de baja autoestima y puede degenerar en depresión. La formación y el trabajo proporcionan a los seres humanos un sentido a su vida, unos objetivos y unas metas que conforman un conjunto de proyectos y ambiciones en la vida. La jubilación, aunque suele ser muy esperada y deseada, una vez llega deja un vacío en cuanto a los proyectos y ambiciones que se antes se tenían, que puede comportar un largo periodo de inactividad y posible aburrimiento.

Llegados a este punto, el jubilado se enfrenta a multitud de preocupaciones: unos menores ingresos, falta de actividad, convivencia día a día con la pareja, o quizás ausencia de la misma, preocupación por las capacidades físicas y psíquicas, etc. Estas preocupaciones propician un ambiente de minusvalía, que pueden degenerar en cuadros de ansiedad y depresión.

El desarraigo social

El desarraigo social en ancianos es característica de una sociedad desnaturalizada y basada en el consumismo, el dinero y la falta de tiempo. Lamentablemente, los países capitalistas occidentales somos los principales impulsores de estas sociedades.

En tiempos prehistóricos, cuando la supervivencia del grupo dependía de la fortaleza de todos y cada uno de sus miembros, los ancianos no eran valorados y su presencia se consideraba una carga. Con el inicio de la civilización, en cambio, los mayores pasaron a ser transmisores del conocimiento, pasaron a tener un papel importante en las sociedades, siendo tanto cuidadores de los más jóvenes como sus maestros. No en vano Aristóteles consideraba la edad de la máxima madurez humana la edad de sesenta años.

Por desgracia, tras la revolución industrial, la productividad y el estatus económico pasaron a ser los principales valores sociales, se especializó la educación, que pasaron a impartir también maestros jóvenes, dejando de lado por completo a los ancianos y privándolos de toda utilidad social. Las viviendas dejaron de ser casas en las que podían convivir varias generaciones para convertirse en viviendas y pisos unifamiliares, con espacio apenas para una sola familia.

En la vida del anciano, sus hijos habrán abandonado el hogar y no tendrán tiempo para visitas, posiblemente verán a sus padres ancianos más como una carga, sentimiento que los ancianos sin duda percibirán. En los casos donde el anciano convive con los hijos, este desarraigo no se dará tan a menudo, porqué ayudará en las tareas del hogar o con el cuidado de sus nietos. Sin embargo, en los casos donde el anciano vive solo, habrá un riesgo muy elevado de desarraigo social y de exclusión.

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